Vamos a hacer ahora una pequeña introducción histórica tanto de Navarra como de Pamplona. La historia de una y otra se entrelazan, ya que son interdependientes. Recuerda que para conocer a fondo nuestra ciudad, puedes unirte a alguno de nuestros Free Tours en Pamplona.

Los primeros humanos se establecieron en la zona hace aproximadamente 30.000 años, llegados desde Europa. Existen muchos restos megalíticos dispersos por la región. En la zona pueden diferenciarse tres culturas distintas, la celtibérica en el sur, la ibérica en el este, y la vascona en el centro y en el norte.

Desde la Edad del Hierro se localizaba en la zona un primitivo poblado vascón, llamado Iruña. Los romanos llegaron aquí en el año 75 a.C. con la conquista liderada por Pompeyo. El asentamiento militar que estos establecieron se convirtió en la ciudad romana de Pompaelo. Se ve entonces que el origen del nombre Pamplona viene de Ciudad de Pompeyo. La romanización plena de la zona llega ya en el siglo II d.C.

Después de la caída del Imperio Romano pasaron por aquí vándalos, alanos, suevos y visigodos, siendo estos últimos los que se asentarían definitivamente, con la conquista de Iruña en el siglo V, creándose además un obispado.

Posteriormente, los musulmanes conquistaron Pamplona en el año 711, y fue esta la frontera de la máxima expansión musulmana. En el norte de Navarra las élites cristianas consiguen pactar la independencia de los musulmanes a cambio de vasallaje.

Ya en el año 778 Carlomagno intentó la conquista del norte peninsular desde Pamplona a Zaragoza. Las murallas de la ciudad fueron arrasadas, y tuvo lugar la famosa Batalla de Roncesvalles.

La política en Navarra cambió con el paso de los años, siguiendo el ejemplo del Reino Astur-Leonés. Los nobles deseaban conquistas y riquezas. En este sentido, en el año 905 surge el Rey Sancho Garcés, que conquista Estella, Nájera y Calahorra. El reino fue creciendo a partir de entonces, hasta alcanzar una máxima extensión desde Castilla al norte aragonés.

En cuanto a la ciudad Pamplona, está creció dividida en tres poblaciones distintas. Estaba en primer lugar el núcleo formado por Iruña y Pamplona, que crecería con el paso de  los años, creando Navarrería. Los habitantes eran principalmente trabajadores agrícolas y la lengua común era el vascuence.

Posteriormente, gracias al auge que trajo consigo el Camino de Santiago, se asentaron en la zona francos que estaban atraídos por las diferentes ventajas que ofrecían los reyes navarros para la repoblación. Surge entonces el burgo de San Saturnino o San Cernín. La ocupación de estos repobladores era principalmente la artesanía y el comercio, y utilizaban la lengua occitana.

En último lugar, navarros de otras poblaciones y otros extranjeros crearon el núcleo de San Nicolás, dedicándose tanto al campo como a oficios gremiales.

Estos tres diferentes núcleos estaban amurallados y separados por fosos y barrancos. En 1276 empieza la Guerra de la Navarrería, al unirse las poblaciones de San Nicolás y San Saturnino y arrasar la Navarrería. La paz definitiva llegaría ya en el 1423 cuando el Rey Carlos III el Noble promulgó el Privilegio de la Unión, que dictaba que los tres núcleos se unieran en una sola universidad, un concejo y una comunidad indivisible.

Al mismo tiempo, Navarra se había quedado encajonada entre Castilla y Aragón, por lo que tenía casi imposible realizar más conquistas hacia el sur.

En los años finales del siglo XII, los reyes empiezan a denominarse Rex Navarre, en lugar de Rex Pampilonensis, para intentar sacudirse el férreo control de la nobleza. Asímismo, se otorgaron fueros internos con la intención de crear ciudades en las que pudieran apoyarse.

Durante estos siglos Navarra fue gobernada por dinastías de origen francés: Champaña, Capetos, Evreux, Foix y Albret.

Un punto muy importante en la historia de Navarra es la conquista por parte de Castilla en el año 1512. Para hablar de su origen habría que irse hasta el 1441, con la muerte de Blanca de Navarra. Su marido, Juan II, no dejó a su hijo Carlos de Viana gobernar como estaba estipulado, lo que los enfrentó, polarizando a la nobleza en dos bandos enfrentados: agromonteses y beaumonteses. Esto dio lugar a un periodo de guerra de una duración de 70 años, desde el 1452 al 1522, durante el cual los nobles se enriquecieron y construyeron palacios y fortalezas, como el Palacio Real de Olite o el Castillo de Javier. Castilla tutelaba entonces Navarra, para defender los derechos de Carlos de Viana, en el bando beaumontes.

España y Francia se tenían declarada la  guerra a principios del siglo XVI, y ambos ejercieron presión sobre Navarra para lograr su apoyo, que mientras trataba de mediar. Finalmente en el 1512, por el Tratado de Blois, Navarra opta por apoyar al Rey de Francia. Este hecho provocó que Fernando el Católico decidiera intervenir y conquistara el Reino de Navarra. La consecuencia inmediata de la conquista fue inestabilidad, desembocando en la Batalla de Noáin en 1521 en la que venció Castilla. Después de esta batalla, se fortificó la ciudad con murallas y ciudadela. La inestabilidad cayó al otorgar Carlos I cargos importantes en la corte a los agramonteses.

Castilla respetó entonces el derecho navarro, las cortes y la cámara de Comptos.

Durante los siglos XVI y XVIII se produjo un gran auge económico en la región, principalmente debido a los privilegios fiscales que se otorgaron a Navarra para evitar levantamientos. En Pamplona se adoquinaron las calles, se mejoró el alcantarillado y el alumbrado con candiles, y se trajo agua a la ciudad con el acueducto de Noáin. Se levantaron imponentes casas palacio en la ciudad por parte de personalidades que habían emigrado a América y habían vuelto enriquecidas.

Con la llegada del siglo XVIII y XIX se inicia una época más convulsa. Navarra mostró su apoyo a Felipe V en la Guerra de Sucesión, por lo que mantuvo instituciones y carácter de reino tras la victoria de este.

Posteriormente, la región permanecería ocupada por las tropas francesas desde el 1808 hasta 1813.

Con el auge del liberalismo del siglo XIX, éste era incompatible con los fueros otorgados, lo que ayudó al fuerte surgimiento del Carlismo. Navarra apoyó las sublevaciones de 1833, 1846 y 1872.

Tras la derrota del carlismo se aprueba la Ley Paccionada en 1841, que establece que Navarra deja de ser un reino y pasa a ser una provincia. En esta época tiene mucha importancia la burguesía local y hay un comienzo de industrialización. El ferrocarril llega a Pamplona en 1860. Se produjo un gran crecimiento demográfico en aquellos años, por lo que se hizo necesario crear ensanches.

Ya llegados al siglo XX, la sociedad seguía siendo muy tradicionalista, hasta tal punto que una gran parte de la población salió a protestar pocos años antes en 1893 contra la Gamazada, de Gamazo, proyecto que intentaba limitar el régimen foral.

En el año 1936, el carlismo aún tenía cierta fuerza y se puso del lado del Bando Nacional, participando miles de requetés en el bando sublevado.

Con la llegada de la democracia el debate se situó en la defensa de la foralidad y en torno de la identidad navarra.

La población de Pamplona actualmente es de 200.000 habitantes, y tiene una importante industria de automoción, farmacéutica y de energías renovables, así como un servicio médico de referencia.